DSC_0285abcdCuando una persona recibe la noticia de que tiene una enfermedad crónica y de que debe ser trasplantada para seguir viviendo el impacto psicológico que se produce tanto a nivel personal como familiar es tremendo. El cóctel de emociones que aparecen deben ser resueltas de la mejor manera posible a través de un profesional de la psicología para que no deriven a otro tipo de patologías. Aparece el concepto de duelo. El duelo aparece como consecuencia de una pérdida, en este caso la pérdida de la salud, y por lo tanto se desencadenan una serie de emociones:

En este sentido tomaré como referencia el modelo de  Kübler –Ross (1926- 2004) para describir las diferentes fases de un proceso de duelo o pérdida:

  1. Primera fase: Negación y aislamiento: En esta fase el paciente y/o su familia no acepta el diagnostico, por lo que hará todo lo posible por negar la realidad. Pensamientos como: “el médico se ha equivocado”, “esto no puede estar ocurriéndome” etc aparecen con facilidad.

El control de sus vidas se ve mermado, y para recuperarlo, muchos (sobre todo si el diagnóstico de la enfermedad se hace en la adolescencia) adoptan conductas desafiantes hacia las pautas que los médicos proponen. A este tipo de conductas rebeldes se le denomina reactancia psicológica y supone un intento por parte de la psique de recuperar la libertad perdida, aunque no deja de ser una ilusión que más tarde o más temprano termina por caer. Este concepto entraría dentro de las conductas de negación, de no querer ver la realidad, pero podría incluirse perfectamente en la siguiente fase. Un ejemplo en pacientes  recién diagnosticados sería no seguir la dieta recomendada por el médico abusando de alimentos que han sido especialmente restringidos por su carácter nocivo.

  1. Segunda fase: Ira: Es el momento en que aparecen preguntas del tipo:“¿Por qué a mi?” o “¿Por qué a él?”. Se genera un intenso sentimiento de ira y hostilidad pudiendo llegar a la agresión activa o pasiva contra cualquier figura de poder: Dios, los médicos, enfermeros ,padres…. Esta fase se caracteriza por una dificultad para el pensamiento racional que puede impedir una adecuada toma de decisiones para un óptimo devenir de la vida del paciente y su familia. Estar “cegado por la ira” no es un buenaliado para afrontar la enfermedad pero es necesario atravesarla de la manera más asertiva posible para impedir que perjudique tanto al paciente como a las personas más próximas.
  2. Tercera fase: Pacto: Si clamando contra los demás no se consigue nada, tal vez pidiendo con humildad u ofreciendo algo a cambio las cosas cambien; No confundir con la aceptación ya que el cambio que se quiere obtener es el mismo: no tener la enfermedad; Se trataría pues de una “negación encubierta”.

Un ejemplo claro sería aquella persona que se dice a sí mismo: “Si salgo de ésta prometo dejar de beber alcohol”.

  1. Cuarta fase: Depresión: Esta fase prepara para la aceptación, pues se es consciente de que se ha producido una pérdida, la pérdida de la salud; En este momento el paciente comienza a tener síntomas depresivos: Sentimientos de culpa, de inutilidad, de vacio, incapacidad de acción e t c. En esta fase se desencadena el abatimiento y la perdida de energía propia de los cuadros depresivos, teniendo en cuenta que en los enfermos crónicos la depresión es un proceso reactivo ante el hecho de la enfermedad y que por tanto es necesario un buen diagnóstico diferencial para asegurar que la depresión es un efecto de la enfermedad  y no una patología que existía anteriormente. Se hace necesario en este sentido un tratamiento adecuado para evitar una cronificación de dicho estado anímico.
  2. Quinta fase: Aceptación: Si el paciente y familiares han pasado, o mejor dicho, han sido ayudados a pasar las fases anteriores, al haber podido expresar sus sentimientos, podrán afrontar con mayor serenidad las nuevas pautas que marcarán su futuro, instaurándose una mayor calidad de vida.

Las citadas fases no se producen necesariamente de manera sucesiva. Además se puede volver a una fase anterior, aunque se esté en una más avanzada, o por el contrario pasar de la inicial a una más posterior.

Trataremos también  de responder a una cuestión que la gente me ha planteado muy a menudo: ¿Las personas trasplantadas se sienten enfermas?: Como muchas de las preguntas en esta vida la respuesta no es tajante (Si o no). La respuesta es depende. En las primeras fases de un trasplante la persona que lo vive se está adaptando a su nueva situación y por lo tanto se puede decir que si, que se siente enfermo. A medida que el tiempo transcurre el las cicatrices

cierran y el cuerpo va recuperando su tono habitual. Es en este momento cuando la mente del individuo trasplantado comienza a percibir un aumento claro y objetivo de su calidad de vida. Los síntomas de la enfermedad comienzan a alejarse y la sensación de salud comienza a vivirse de nuevo. La sensación de tener una enfermedad nunca desaparece del todo porque existe la evidencia clara  de que hay que tomar una medicación inmunosupresora que nos recuerda que este trasplante hay que mantenerlo de esta manera. No obstante, a medida que el tiempo pasa, y todos los procesos de ato-cuidado se automatizan, el mecanismo de negación comienza a aparecer como una respuesta de adaptación y la sensación de enfermedad que tiene la persona trasplantada remite en pos de la salud psíquica.

Sentirse de nuevo sano o curado puede conllevar que la persona trasplantada  comience  a olvidar (negar) que necesita tomar esa medicación y cuidarse y por lo tanto la pérdida del órgano se puede dar porque nuestro sistema inmunológico comience a rechazarlo.

Cuando una persona recibe un órgano, lo habitual es que se sienta enormemente agradecida con la vida y con esa persona que de manera altruista ha donado sus órganos para que otras personas puedan vivir. Puede parecer extraño pero hay casos en donde puede aparecer  una depresión post-trasplante (muy parecida a la depresión post-parto). Esto ocurre porque toda la energía se ha puesto al servicio de este momento y cuando el deseo del trasplante se satisface, aparece la sensación de “no saber donde mirar” después. Los psicólogos llamamos a este concepto Umbral de la Felicidad y precisamente nos referimos al hecho de que cuando una

persona alcanza tal nivel de felicidad después es difícil mantenerlo en el tiempo y comenzamos a vivir una depresión o proceso distímico porque durante un tiempo no sabemos donde “mirar”, hacia donde dirigir nuestra energía, lo que de manera común se denomina: Encontrar un sentido a nuestras vidas.

El proceso de un trasplante se puede vivir, al igual que el diagnóstico de una enfermedad como si fuera un duelo en toda regla (hablar de fases del duelo).

Es un servicio de intervención grupal en el cual se desarrollan actividades de tipo vivencial estructuradas con el propósito de superar algunas de las dificultades percibidas por las personas, generar un cambio de actitudes y desarrollar estrategias para la solución de problemas y el manejo de las relaciones interpersonales. Cada semestre se programa una aplicación de cada taller. La duración de cada taller oscila entre cinco y ocho sesiones de tres horas