Es necesario un control estricto de la presión arterial y el tratamiento de la enfermedad originaria de la IRC siempre que se esté a tiempo. Se usan habitualmente inhibidores de la ECA (enzima convertidora de la angiotensina).
También se reemplazan la eritropoyetina, la vitamina D3 y el calcio, así como los enlazadores de fosfato.
2. Terapia de reemplazo: Hemodiálisis
La hemodiálisis es un método de reemplazo de las funciones renales que filtra la sangre del paciente y la devuelve al cuerpo habiéndola limpiado de todo tipo de impurezas y exceso de líquidos.
Dada la ultrafiltración de la sangre, por la que queda más depurada que si un riñón humano hiciese el trabajo, no es necesario el tratamiento a diario. Suele realizarse 3 veces a la semana y se le realiza al paciente mediante tres tipos de acceso distintos: catéter intravenoso, fístula arteriovenosa o injerto sintético.
El catéter intravenoso es un tubo de plástico con una entrada y una salida que es insertado en una vena principal (cava, yugular o femoral) por el cual sale la sangre hacia la máquina y vuelve a entrar una vez filtrada. Se utilizan cuando hay que acceder de forma rápida para realizar la diálisis. Tienen un riesgo alto de infección y de estenosis venosa (inflamación y reducción de la vena, resultando obstruida e inutilizable)
La fístula arteriovenosa es un método por el cual un cirujano junta una vena y una arteria mediante anastomosis. Se coloca en el brazo no dominante en la mano, el antebrazo o el codo y puede tardar de 4 a 6 semanas en madurar y estar operativa. Cuando está lista, se insertan dos agujas (una de salida y otra de entrada) por las que la sangre sale y vuelve a entrar una vez filtrada. Los índices de infección son más bajos, la sangre fluye más rápidamente y la posibilidad de trombosis es más baja. Sin embargo, se puede producir un enfriamiento del miembro con calambres o daños del tejido.
El injerto arteriovenoso funciona igual que una fístula con la diferencia de que lo que se injerta es un tubo de tejido artificial para unir arteria y vena. Sin embargo, existe un alto riesgo de desarrollar un estrechamiento donde el injerto se ha cosido a la vena con consecuencias como coagulación, trombosis y además tiene mayor riesgo de infección.
El proceso de la diálisis (ampliamente explicado en la presentación de Consumer.es, Eroski) consiste en el bombeo de la sangre del paciente hacia un dializador o riñón artificial que filtra la sangre a través de membranas semipermeables sintéticas, dejando a un lado el líquido y las impurezas y al otro la sangre ya limpia que es devuelta al cuerpo del paciente.
Durante el proceso se controlan diversos parámetros de seguridad como la tasa de flujo de sangre y dialisato, la presión sanguínea, el ritmo cardíaco, la conductividad, el PH, etc. que hacen saltar una alarma si alguno de ellos está fuera de lo normal.
Los efectos secundarios generalmente se deben a la eliminación de fluido extra de la sangre y pueden producir presión arterial baja, fatiga, dolores de pecho, calambres en las piernas y dolor de cabeza. La diálisis tiene riesgo de infecciones (sepsis, endocarditis, osteomielitis) o de sangramiento incontrolado por los anticoagulantes (heparina o citrato), aunque actualmente es un tema que está muy controlado y se pueden administrar coagulantes como la protamina.
Se puede dar una complicación muy extraña descrita como el Síndrome del Primer Uso que produce una reacción anafiláctica al dializador. Puede producir estornudos, dolores en la espalda y el pecho, respiración dificultosa y con pitidos y, en último término, fallecimiento. En los últimos años se ha reducido mucho esta afección por el uso de irradiación gamma en lugar de agentes esterilizadores químicos.
3. Terapia de reemplazo: Diálisis Peritoneal
La diálisis peritoneal es un tipo de diálisis que se puede realizar de forma personal por el propio paciente en casa, en el lugar de trabajo o en cualquier lugar debidamente acondicionado.
Trabaja sobre el principio de que la membrana semipermeable natural que rodea el intestino puede actuar como elemento dializador. Se emplea una solución con una cantidad determinada de glucosa diluida en agua (la cantidad depende de la cantidad de agua que sea necesario retirar del cuerpo).
Se coloca un catéter en el abdomen del paciente mediante cirugía y se emplean dos bolsas: una llena con el líquido dializador y otra vacía para el líquido eliminado que están conectadas por un tubo flexible en forma de Y. La bolsa con el dializante se calienta entre 35 y 40 grados y se coloca elevada y la vacía en el suelo y se conectan al catéter. Se afianza el tubo del dializante con una abrazadera y se abre la válvula para que el líquido fluya por la cavidad peritoneal. Una vez terminado el proceso, se drena el líquido a la bolsa inferior.
Todo el proceso ha de llevarse a cabo bajo una estricta limpieza y el paciente debe implicarse especialmente en ella, usando mascarilla y jabón quirúrgico. Además, hay que comprobar el líquido drenado para comprobar si hay alguna infección peritoneal o de otro tipo.
4. Trasplante de riñón
El trasplante se puede realizar a aquellos pacientes en situación de enfermedad renal crónica o terminar y que se someten regularmente a diálisis. Es importante conocer aquellos temas fundamentales referentes a este tipo de cirugía con el fin de que el paciente esté informado convenientemente.
Ventajas: El paciente que se someta a un trasplante de riñón con resultado satisfactorio disfrutará en adelante de una mejor calidad de vida, ya que podrá suprimir las sesiones de diálisis. El tiempo medio que dura un órgano trasplantado está entre 10 y 12 años.
Inconvenientes: El paciente deberá mantener una fuerte medicación de inmunodepresores para controlar el rechazo del cuerpo al nuevo órgano. Además, es posible que se dé un rechazo agudo dentro de los 60 primeros días que requiera de un tratamiento diferente.
Quién puede acceder a un trasplante: Cualquier enfermo en estado crónico o terminal puede acceder a esta operación, siempre que no se encuentre en uno de estos grupos de riesgo: Enfermo de cáncer o tumores malignos con riesgo de recaída, enfermedades infecciosas (en las que está contraindicada la inmunosupresión) o patologías graves de tipo vascular, hepático o cardiacas. La diabetes (donde se puede hacer un trasplante riñón-páncreas), las enfermedades cardiovasculares o hepatopatías crónicas, anomalías en la vía urinaria o la enfermedad de base del paciente pueden hacer también que el trasplante no sea recomendable. De la misma manera, los pacientes mayores de 75 años serán rechazados.
Cómo se seleccionan los receptores: los receptores que se encuentran en diálisis tienen que realizarse una serie de pruebas para entrar en la lista de espera de receptores para poder comparar sus características con las del órgano donado. Estas pruebas incluyen analíticas, radiografías, electrocardiogramas, tirajes HLA, anticuerpos, etc. Además, es necesario facilitar datos de contacto siempre disponibles con el paciente para que este pueda acudir en cuanto le llamen si hay un riñón disponible. Estos datos son manejados por el centro en el que el paciente se dializa y también por la Organización Nacional de Trasplantes, que gestiona el complejo sistema de selección de receptores.
Estos datos deben mantenerse actualizados, ya que puede haber alguna infección temporal o cualquier otro problema por el que el paciente debe ser excluido de la lista temporalmente, dando así la oportunidad a otra persona de recibir el órgano.
En qué consiste la operación: la operación consiste en la inserción del nuevo riñón en la fosa ilíaca (delante del riñón a la altura del ombligo) y generalmente no se extirpa el órgano original salvo que cause alguna complicación. Se conectan al nuevo riñón la arteria renal y a la vena renal, conectadas a su vez con la arteria y vena ilíacas respectivamente.
Complicaciones: las complicaciones más graves son el rechazo del trasplante (hiperagudo, agudo o crónico), infecciones y sepsis debido a los inmunodepresores requeridos, desórdenes linfoprolifertivos (forma de linfoma debido a los inmunodepresores), desequilibrios en los electrolitos (incluyendo calcio y fósforo que pueden causar problemas en los huesos) y otros efectos causados por la medicación como inflamaciones gastrointestinales, hirsutismo, pérdida de pelo, obesidad, acné, diabetes tipo 2 e hipercolesterolemia entre otros.
Hábitos después del trasplante: una vez regresemos a casa, deberemos mantener un control en nuestros hábitos y costumbres vitales. A grandes rasgos, podemos destacar:
Establecer una pauta de controles de los niveles propios como pulso, tensión, temperaturas, cantidad de orina en 24 horas, etc. para prevenir problemas.
Llevar un control estricto de la medicación, conservándola adecuadamente y sin modificar las dosis establecidas por el nefrólogo
Evitar engordar después del trasplante, ya que se puede comer más, así como vigilar la dieta procurando que sea equilibrada (pocas grasas saturadas y colesterol y más fibra y alimentos ricos en calcio y grasas no saturadas). Evitar también alimentos muy picantes, condimentados y sobre todo los muy salados para controlar la tensión.
Abstenerse de tomar bebidas alcohólicas y mantener una higiene bucal muy constante, vigilando posibles heridas en la boca.
Cuidar la piel protegiéndola del sol, manteniéndola hidratada, exponiéndonos al sol únicamente en horas bajas del mismo y en periodos muy cortos de tiempo.